Esto es la vida real: cómo sentir que tienes el control después de graduarte

Lo que necesitas saber de la vida después de la universidad

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Es temporada de graduaciones universitarias. Mientras estudiantes universitarios de último año superan etapas por todo el país, no podía evitar recordar cómo terminó mi propia historia de la universidad.

Me aferré a mi horario de cursos de la universidad y al espacio repleto de mi dormitorio como si fueran las únicas cosas que me quedaban en este mundo; me preguntaba a dónde se había ido el tiempo, por qué no podía volver atrás y ser un estudiante de primer año otra vez y qué había hecho con mi vida desde entonces.

La lucha con mi última semana de exámenes tuvo una mezcla de sentimiento y ansiedad a la vez.

Puede que mi tiempo haya pasado, pero ha permanecido cerca, inmortalizado por la memoria vívida del fin de una historia y el comienzo de otra.

La última semana de la universidad era la última oportunidad para festejar sin que hubiera consecuencias (o, por lo menos, sin que tus padres supieran a qué hora habías regresado a casa), así que lo celebramos durante la semana de eventos para estudiantes de último año, despedidas y ese día trascendental a mediados de mayo en el que nuestras trayectorias de licenciatura llegaron a su fin.

El amplio y misterioso vacío de la vida después de la graduación se quedó merodeando sobre nuestras cabezas como nubes de tormentas que venían para dejar caer una pesada lluvia de verano.

Todos nos preguntábamos si encontraríamos nuestro verdadero propósito, si alguna vez nos divertiríamos tanto de nuevo y si algún día realmente nos sentiríamos como adultos.

Puede que la universidad haya ido y venido para la mayoría de nosotros, pero hay sentimientos que perduran por mucho tiempo después de que se han lanzado los birretes y las togas al cielo.

Sentimientos que nos recuerdan que todavía tenemos el control aún si ya no tenemos un horario de clases que seguir.

Puedes hacer lo que quieras

Tienes el mundo a tus pies. Realmente nunca tendrás más libertad como la tienes ahora.

El mundo real es nuevo y resplandeciente y necesita ser explorado. Inmediatamente después de la universidad, algunos de mis amigos viajaron por el sureste de Asia, donde tomaron clases y se fueron de viaje por carretera a través del país, recorriendo aldeas locales.

Otros tomaron caminos más estructurados. Se inscribieron en programas de maestría, ansiosos por sentarse en más salones de clase, hacer más tareas y aprender infinitamente más sobre los campos que les interesaban.

También tenía amigos que entraron directamente en la rutina diaria de 9 a 5 de las oficinas, trabajando en cubículos de oficina, organizaciones sin fines de lucro y empresas emergentes, uniéndose a una rutina que el resto del mundo ya conoce.

Al principio, esta clase de control sobre tu destino se siente intimidatorio. Tener opciones ilimitadas pondría nervioso a cualquiera, pero tú eres un ser humano recién formado y educado que todavía no tiene que lidiar con hijos, pagos de hipoteca o decisiones importantes sobre su carrera. Cualquier cosa es posible.

El período entre ser un estudiante de universidad y "una persona de verdad" es una increíble transición en la que sigues aprendiendo sobre quién eres. Úsalo.

No tienes que seguir un plan

Cuando yo estaba en la universidad, pensé que ya tenía todo resuelto: Me graduaría y perseguiría el sueño que siempre había planeado seguir y sería exitoso en eso; tendría oportunidades —grandes oportunidades— y conocería a alguien con quien compartir mi vida y las cosas irían acomodándose, una por una, hasta que se completara el rompecabezas.

La universidad es un gran lugar para construir grandes sueños para ti y tu futuro, pero eso no significa que sea tu única opción.

Después de graduarte, es como si la ostra se abriera y te mostrara un avance de todo lo que no habías visto. El mapa que estabas diseñando revela un montón de puntos débiles de nuevas aventuras y experiencias. Algunas te llevarán más lejos de lo que jamás pudiste haber imaginado mientras estabas sentado en la silla de tu dormitorio, y otras te llevarán lejos por el camino equivocado.

Después de todo, el viaje es la parte emocionante.

Puedes vestirte y actuar como quieras

Muchas veces, los campus de las universidades son caldos de cultivo de homogeneidad.

Como todo el mundo estaba recluido dentro de los límites de la misma ciudad universitaria y vivían en los mismos dormitorios, iban a los mismos eventos y a los mismos edificios de clases y comían en los mismos comedores, todos eran, bueno, similares.

Y si tu apariencia o tu comportamiento se desviaba de la definición de normal de tu universidad, sobresalías de manera negativa.

En el mundo real, no eres controlado por las reglas. No hay grupos de personas populares, jerarquías sociales, ni maneras geniales —o no geniales— de vestirse o pasar los fines de semana.

Tienes la libertad de ser quien la persona que quieres ser, quien quiera que sea él o ella. No siempre va a ser fácil ser tú mismo —el mundo real no es un salón de kínder donde a todos les aplauden por simplemente llegar— pero valdrá la pena.

El fracaso no es permanente

No es tan fácil superar malas entrevistas como lo es superar una B- en un examen de bioquímica. En la universidad, sabes que tienes más oportunidades; en el mundo real, sentirás que no siempre tienes esa garantía.

Intentar encontrar un nuevo trabajo, un lugar donde vivir, una ciudad a la que llamar hogar y nuevas amistades para agregar a las que dejaste atrás cuando te fuiste de la universidad puede ser intimidatorio como si cada segundo, cada palabra y cada respiración importara mucho más que el momento en el que existen. Es abrumador.

Sin embargo, irán apareciendo las diferencias con el tiempo. Te darás cuenta de que no todos los fracasos duran para siempre y de que, a veces, ni duran más que un minuto.

Claro, puede que a ti te importen más cosas como que no te consideren para un trabajo que desesperadamente querías o que te rechacen para un apartamento que te había encantado, pero los fracasos no son para siempre.

Tienes más control sobre tu tiempo

En la universidad, el tiempo de trabajo y el tiempo libre se mezclan y forman una neblina estresante y desordenada y hacen que te sientas saturado de trabajo, poco descansado y constantemente descontento.

Si sales con tus amigos, siempre hay alguna tarea que mejor deberías estar haciendo. Si te quedas en tu casa una noche para escribir un ensayo, siempre hay algo que definitivamente te estás perdiendo.

Pero era mucho más fácil compartimentar el tiempo después de graduarse. El tiempo de trabajo es cuando estás en el trabajo y el tiempo libre es cuando no lo estás.

El tiempo que pasas con tus amigos en la noche o durante un brunch los fines de semana no se interrumpe por pensamientos acerca de los problemas de matemáticas que estás ignorando.

En el mundo de pos graduación, puedes quedarte tranquilo al saber que cuando llegues a tu casa del trabajo y te relajes en el sillón, no tendrás que trabajar hasta la próxima vez que vayas a tu oficina. (Eso pasa, por supuesto, hasta que empiezas a llevar trabajo a casa).

Te vas a equivocar. Pero luego harás las cosas bien

En el mundo real, no puedes llegar 40 minutos tarde a tu clase y esconderte en la parte de atrás del salón sin que te vea tu profesor. En el trabajo, la gente se dará cuenta. Se fijarán y lo tendrán en cuenta. Puede que la universidad tenga sus propias reglas, pero la realidad también tiene las suyas.

No vas a hacer todo bien, es importante que aprendas eso ahora. En el mundo real, la vida no es conducente a que profesores e instructores te digan qué hacer. Más bien tienes que averiguar cómo hacer las cosas por ti mismo. Parte de eso es equivocarse.

La otra parte es hacer las cosas bien. Así que prepárate para traspiés, inconvenientes, obstáculos y golpes, y ten un sistema de apoyo establecido que te ayude durante este proceso. Encuentra a personas con quienes puedas contar para mantenerte enfocado, empoderado y apoyado.

No tendrás que preocuparte de no vivir bien la vida

Nos presionamos mucho sobre los cuatro años que pasamos en la universidad. Se supone que deben ser los mejores años de nuestras vidas.

Si no lo son —si de alguna manera son mediocres o regulares o hasta simplemente buenos— sentimos que hemos fracasado, como si hubiéramos desperdiciado un tiempo valioso que jamás podremos recuperar.

La presión de tener la mejor experiencia en la universidad pesaba mucho sobre nosotros. Era fácil preguntarnos si estábamos saliendo lo suficiente, si nos retábamos a nosotros mismos lo suficiente, si conocíamos a suficiente gente nueva o si aprovechábamos nuestra juventud lo suficiente.

Después de todo, solo teníamos cuatro años, así que teníamos que hacer todo y cualquier cosa que pudiéramos ahora mismo, en este mismo segundo, o arriesgarnos a lamentarlo.

Sin embargo, después de lanzar los birretes y sacar las últimas cosas de nuestros dormitorios o apartamentos, tenemos todo el tiempo del mundo para vivir nuestras mejores vidas.

No hay presión para hacer todo en cierta cantidad de tiempo, tenemos el resto de la eternidad para hacerlo. Y la mejor parte es que es según nuestros estándares. Ahora podemos realmente controlar todo.

Con tantos cambios en el horizonte, State Farm te ayuda cuando lo necesitas. Encuentra más recursos —desde establecer metas financieras a seguro de inquilinos y más— con confianza.

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